Trucos para saber cómo educar niños

Vamos a ver técnicas que se salen de la lógica aparente, para trabajar con una lógica poco habitual, que lleva a que sean los padres quienes actúen con inteligencia y astucia, en lugar de que los hijos utilicen estas capacidades para tomar el control del hogar.

 

1- Inventa historias para resolver los problemas de tus hijos.

Es una técnica sencilla, no tan alocada como las que veremos más adelante, pero divertida que consiste en inventar historias en donde se representen las problemáticas por las que atraviesan los niños, y por medio de esas historias permitir que expresen lo que sienten y piensan, a la vez que aprenden alternativas sobre como resolver sus dificultades. De hecho, muchos niños aplican de forma natural esta técnica cuando ellos solos inventan historias, como una forma de expresar indirectamente lo que sienten o les pasa, y en algunos casos incluso nombran al protagonista de su historia con su mismo nombre.

Un ejemplo de cómo aplicar esta técnica, es que si observamos que un niño empieza a tener conductas de celos hacia su nuevo hermano, podemos inventar una historia, donde el protagonista viva la misma situación, y junto al niño desarrollar la trama, exponiendo sus emociones y las de los demás, para que obtenga una visión más amplia y adquiera alternativas para afrontar lo que está pasando de forma positiva. Cabe aclarar que para que esta técnica sea efectiva, debemos estar educados para entender y afrontar las situaciones difíciles por las que pasan los niños, pues no sirve de nada hacer una historia para orientar, si estamos igual de desorientados que los niños.

 

2- Dejar de proscribir la mala conducta.

Existen diferentes razones por las que un niño se porta mal y cada una tiene distintas formas de resolverse, y debemos aprender a identificarlas antes de intentar cualquier cosa, pues no es lo mismo una mala conducta causada por mala educación, que una causada por problemas emocionales. Y en muchos casos los niños se portan mal únicamente como una forma de protestar y molestar a aquellos que lo están incordiando.

Por ejemplo cuando es hora de levantarse y prepararse para ir a la escuela. ¿Realmente crees que los niños que lloran y gritan lo hacen porque tienen un tornillo suelto que los hace portarse así? Claro que no, su pecado es ser demasiado astutos pues se sienten mal, y saben perfectamente que sus gritos nos irritarán, para que en el peor de los casos terminemos sintiéndonos tan mal como se sienten ellos.

Y en el mejor de los casos, nos terminaremos accediendo y los dejemos de molestar, por eso no funciona hablar con ellos, pues no es que no entiendan lo que hacen, sino todo lo contrario y mucho menos funciona regañarles o gritarles más fuerte. Pues justamente es lo que quieren, que nos irritemos, y en este tipo de casos es donde puede entrar la técnica de este punto que es, legalizar la mala conducta, y antes de que salte alguien a replicar, recuerda que estas técnicas son solo para padres inteligentes. Y ¿qué es más inteligente? Llegar a en la mañana y con dulzura, decir a aquellos hijos que ya están acostumbrados a hacer guerra para vestirse, “buenos días mi amor, ya es hora de hacer berrinche, yo sé que es muy importante para ti, pues por más que te he pedido que no lo hagas lo sigues haciendo, así que tienes 20 minutos para llorar y patalear todo lo quieras. Anda mientras yo preparo tu ropa quiero oír a mi niño hacer el berrinche más grande”.

reganar-ninoO por el contrario estar 40 minutos, alegando, rogando y riñendo. ¿Cuál opción es más inteligente? Para aplicar esta técnica debemos asegurar a los niños que entendemos, que por alguna razón es importante para ellos portarse mal y por lo tanto lo permitiremos. Claro está que sin decirle a ellos, legalizaremos la mala conducta solo en nuestros términos y en los momentos en los que consideremos oportuno.

Retomando el ejemplo que dí, permití 20 minutos de berrinche, porque sé que usualmente hace berrinche por 40 minutos, pero tanto por mi experiencia, como las personas que han intentado algo similar, podemos afirmar que en el momento en el que se legaliza aquello que los niños hace solo por molestar, pierde por completo todo su atractivo y aún en los raros casos donde la mala conducta sigue, por el simple hecho de aplicar esta técnica, los padres inevitablemente terminan con mayor control sobre la situación. Cabe señalar que esta técnica es solo para aquellos casos donde hay una clara oposición, pues cuando hay una razón de dolor emocional por la que los niños se niegan a obedecer, tomarán al pie de la letra nuestras indicaciones, pues la solución a esos casos es muy diferente.

 

3-Prohíbe a tus hijos lo que no les gusta

El fruto prohibido es el más apetecido, lo prohibido siempre será lo más tentador. En fin, hay tanto dichos y frases que reflejan esta verdad, pues en teoría todos sabemos y hemos experimentado, que para que algo se vuelva más atractivo basta con prohibirlo. Lamentablemente han pasado miles de años y seguimos sin saber utilizar esta sabiduría a nuestro favor.

Por suerte el número 3 de esta lista sí que lo hace, y consiste en prohibir a los hijos aquello que queremos que hagan, aunque hay varias cuestiones que debemos tener en cuenta para aplicarlo correctamente. Para empezar, está técnica es más efectiva entre más pequeños son los hijos, y sobre todo en aquellos casos donde se niegan a obedecer por pura rebeldía, como una forma de reafirmar su autoridad sobre los padres. Por ejemplo cuando se niegan a ir al baño incluso cuando ya sabían ir, o cuando se rehúsan a comer.

 

Es importante que nuestra prohibición resalte los beneficios que están perdiendo los hijos, o que se sienta excluido. Por ejemplo señalando como todos los hermanos van a comer en la mesa de forma ordenada y el es el único que estará excluido de ese gran privilegio. Es muy importante no caer en la desesperación y tirar la técnica. Si vemos que no funciona a la primera, pues lo más probable es que los niños utilicen sobre nosotros la vieja y efectiva técnica de “no me importa” y por ello debemos mantenernos firmes, sabiendo que de todas formas el niño iba a poner resistencia.

La diferencia es que de esta forma nosotros estamos en control y de la forma clásica son ellos quienes tienen el control. Todos estos puntos son indisciplinable tenerlos en cuenta, pues así como no sujetarías un serrucho por los dientes, ni utilizarías un martillo para atornillar, debes aprender a utilizar las herramientas psicológicas únicamente de forma correcta y en la situaciones adecuadas.

 

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