Cómo corregir el mal comportamiento de un niño

Si te preguntas cómo puedes corregir el mal comportamiento de un niño, no eduque según las etapas. Es muy frecuente escuchar a padres y madres quejándose de la mala conducta de sus niños y diciendo “Trato de hablarle a mi hijo, lo castigos, lo ignoro, hago de todo y nada funciona”. Afortunadamente muchos de esos padres de familia han encontrado orientación, en especial porque aprenden que la disciplina es un proceso de etapas. Y pedirle a un niño que obedezca solo porque se lo pedimos es como esperar que un niño que no sabe sumar ni multiplicar sepa hacer divisiones. En ambos casos es imposible porque no se puede aprender algo de lo que no se tienen las bases.

Enseña al mismo tiempo lo de las etapas anteriores, muchas personas me preguntan ¿Qué puedo hacer si no eduqué bien a mi hijo en las etapas previas? ¿Es posible que pueda rectificar las cosas? Y la respuesta es un rotundo “Claro que sí”. Sin embargo si un niño de 8 años que está en la tercera etapa, no aprendió lo que necesitaba de las etapas anteriores y únicamente tratamos de disciplinarlo hablando con él y reforzándole una identidad positiva, lo más probable es que no funcione, pues no tendrá respeto por las reglas y respeto por la autoridad, que son las cosas que se aprenden en la segunda y primer etapa respectivamente.

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Pero ¿Qué podemos hacer entonces? Imagina que entras a una escuela, pero entras cuando el curso ya lleva más de la mitad ¿Que tendrías que hacer? ¿Actuar como si nada y solo estudiar las cosas que aprenda el grupo a partir de que entraste? Claro que no ¿verdad? En ese caso tienes que ponerte al corriente, es decir, estudiar lo que los compañeros ya estudiaron, mientras tratas de aprender todos los temas nuevos. Pues con los niños a los que se les empieza a disciplinar tarde es exactamente lo mismo. Debemos aplicar las técnicas y métodos de las etapas anteriores, así como las de la etapa en la que se encuentra el niño por su edad actual. Lo que se aprende en cada etapa.

En la primera etapa que va más o menos desde que nace el niño hasta los 2 o 3 años, el bebé aprende a respetar a la autoridad. Esto se logra simplemente con que los padres eviten que el niño haga cosas malas y lo pongan a hacer lo que debe hacer. Si quiere pegar, se le detiene la mano. Si debe recoger sus juguetes, se le lleva a que lo haga, todo con firmeza y serenidad. Y así, con el tiempo comprende que si bien tiene derecho a expresar su malestar y que se le respete, las ordenes de mamá o papá tienen un peso, pues se acatan porque se acatan. Esperar que el bebé quiera hacer caso y ceder antes los berrinches que son parte natural de esta etapa, son las causas principales de que los hijos no aprendan a respetar a la autoridad y luego nos preguntamos cómo corregir el mal comportamiento de un niño.

En la segunda etapa que va más o menos de los 3 a los 6 años el niño aprende a respetar las reglas y que sus acciones tienen una consecuencia. Esto se logra elaborando un reglamento justo en casa o simplemente siendo congruente con las consecuencias que se le imparten a los hijos. Sin embargo, cuando hay desacuerdo entre los padres del niño sobre como disciplinarlo, cuando las acciones del niño no conllevan una consecuencia real, sino puros gritos y regaños y cuando se premian o simplemente se ignoran las malas conductas, se logra que los niños no aprendan a respetar las reglas.

En la tercera etapa que va más o menos de los 6 a los 12 años, los niños aprenden a portarse bien ya no solo por miedo a las consecuencias de sus actos, sino porque tienen la conciencia de lo que está bien y lo que está mal y sobre todo porque aprenden a identificar que portarse mal no va con su identidad. Y esto se logra señalando al niño las cosas buenas que hace y convenciéndolo de que aunque comete errores, él es un niño bueno y las malas conductas no van con el. Señalar solamente los aspectos negativos del niño, decirle que es vago, malo, tonto o flojo, así como felicitarlo, ignorar o motivar a que realice actos negativos son formas de que el niño construya una identidad que va acorde con la mala conducta.

 

En la cuarta etapa que va de los 12 a los 18 años, los adolescentes deben aprender a hacer lo que es correcto, ya no tanto porque los obliguen o solo por seguir las reglas, sino porque reconocen los valores fundamentales y guían su conducta con ellos. Son pocos los que obtienen este aprendizaje, pues requiere de un gran crecimiento personal. Son aquellos jóvenes y adultos que por ejemplo hace 100 años respetaban y defendían a las personas de color aunque socialmente fuera aceptado menospreciarlos. Esto se logra permitiendo que los jóvenes vivan las consecuencias de sus actos por duras que sean, así como acercándonos a ellos para reflexionar y recapacitar juntos.

De ese modo es muy fácil corregir el mal comportamiento de un niño. Sin embargo querer controlar absolutamente en todo a los hijos así como consentirlos y sobreprotegerlos impide que los chicos alcancen esta madurez moral.