Cómo hacer que mi hijo se porte bien

Hoy quiero que platiquemos sobre uno de los principales problemas con los que me llegan muchas madres y padres a la consulta. La mala conducta en niños y adolescentes. Cada vez es más común ver a los niños cometer faltas de respeto que anteriormente eran algo intolerable. Pareciera que va en aumento el numero de familias en donde los verdaderos jefes son los pequeños del hogar. Y cuidadito con contradecirlos o con pedirles que hagan algo que no les apetece, porque entonces los padres sufren la ira del pequeño dictador.

¡Que panorama tan prometedor! ¿No lo crees? No quiero sonar como abuelo cascarrabias pero anteriormente los padres se sentían con todo el derecho de impartir disciplina a sus hijos con mano dura. Pero hoy en día hay quienes comparan las técnicas disciplinarias de antaño con métodos de tortura. El problema con el castigo físico es que los resultados que produce son impredecibles incluso pueden llegar a ser contraproducentes, especialmente cuando es el único método de disciplina, de hecho en algunos casos empeora la mala conducta, o afecta el sano desarrollo del niño o la niña.

 

Por suerte se descubrió lo nocivo que podía ser educar con agresión. Lo malo fue que cuando algunos padres se enteraron de esto, desarrollaron temor a diciplinar con firmezas sus hijos, por miedo a lastimarlos. Y por esto muchos padres modernos tienen pánico a repetir los mismos errores que sus padres y abuelos, aunque esto no significa que lo estén haciendo necesariamente mejor ellos. Y es este temor es el principal error de los padres modernos.

Ya que al obsesionarse por evitar que sus hijos sufrieran en lo mas mínimo olvidaron algo fundamental. Que su deber no solo es proteger a sus hijos, sino prepararlos para la vida, lo cual implica enseñarles que en la vida hay limites, reglas y consecuencias. Paradójicamente queriendo proteger a sus hijos estos padres los condenan, al no enseñarles que sus acciones tienen consecuencias. Ya que no importa lo mal que se porten, siempre son tolerados, o en el peor de los casos, la consecuencia que reciben por sus malas acciones, no pasaba de unos cuantos regaños que con el tiempo irán perdiendo cualquier tipo de valor.

 

También se les condena a estos niños porque no se les ayudo a desarrollar tolerancia a la frustración. Ya que siempre se les da todo lo que quieren, no tienen oportunidad de vivir la frustración o el dolor, por lo cual nunca aprenderán a controlarlos, y al ser mayores aprenderán a la mala que la vida no es igual de bondadosa que sus padres. Lo peor de todo es que queriendo ser tolerantes y por miedo a ser firmes, los padres se van llenando de frustración. Por lo que terminan explotando y agrediendo psicológicamente mas a sus hijos, que si desde un principio hubieran reprendido a su hijo con firmeza.

Ya vimos los errores de algunos padres del pasado y los errores de algunos padres contemporáneos, unos pecaron de rígidos y los otros de comprensivos. Así que ahora trataremos de aprender de cada uno de ellos para encontrar la mejor manera de impartir disciplina. La única razón por la que los golpes funcionaban es porque a través de ellos el niño entendía que sus acciones tienen consecuencias. Por lo que si queremos aplicar disciplina efectivamente debemos tomar en cuenta que la primera forma en la que el ser humano aprende lo que es bueno y malo es a través de las consecuencias buenas o malas que reciba.

 

Habrá quienes me dirán “Si hablas con el niño te comprenderá”. Sin embargo esta visión se queda muy corta, ya que esto solo funcionara con las personas (niños o adultos) que previamente ya han comprendido a través de la experiencia que sus acciones negativas traen consecuencias negativas. Y de hecho querer que un niño haga caso a lo que le dices solo porque si, es mucho mas cruel, puesto que le estas pidiendo que haga algo que ni siquiera le has enseñado.

Esto solamente traerá fracasos y frustración, tanto para el niño como para ti. Así que podemos deducir que el acierto de los padres de antaño era impartir disciplina con consecuencias. Lo cual puede ir desde reparar los daños causados, perder algún privilegio, etc siempre y cuando no lleguemos a la violencia. Si comprendemos esto y aprendemos a dejar a un lado las amenazas y los regaños y empezamos a impartir consecuencias con la firmeza de los padres de antes, pero con la comprensión y respeto de los padres modernos, estoy seguro que el presente y el futuro de muchas familias cambiaría.

Por ultimo debo aclarar que la mala conducta se puede deber a muchas razones diferentes, y pensar que existe una única forma de solucionarla en todos los niños seria una necedad. Solo quiero resaltar la importancia de que los padres modernos retomen el control sobre sus familias y sobre sus emociones para que las guíen a un buen camino. Pero por supuesto en estos temas las opiniones sobran.