Cómo hacer que un niño sea obediente

¿Alguna vez has escuchado hablar de los planes de contingencia? Básicamente son planificaciones que se realizan en empresas, gobiernos y organizaciones similares, donde se estipula como se debe responder ante ciertas situaciones o contingencias. Que si bien lo ideal es que no sucedan, es mejor saber como actuar si es que ocurren, como por ejemplo en caso de desastres naturales. Pues sería ilógico y desastroso dejar que cada quien responda en esos momentos, según lo que se les vaya ocurriendo. Lamentablemente, justamente eso es lo que hacemos en casa.

Esperamos que la mala conducta nunca suceda y cuando inevitablemente llega no sabemos que hacer. Y como Dios nos da a entender, superamos el reto, pero en lo absoluto nos preguntamos ¿qué voy a hacer la próxima vez que pase esto o algo similar? Esta falta de cultura de la organización, es lo que nos lleva a no tener recursos a la hora de la desobediencia y que terminemos recurriendo a recursos primitivos como el grito. Por lo tanto debemos empezar a planear por adelantado cómo vamos a actuar. Nada de dejar las cosas a la suerte y a ver que se nos ocurre en el momento. Incluso debemos planificar como vamos a reaccionar a la respuesta que los hijos nos den.

 

Y algo muy importante es la constancia, pues cuando los niños ven que sus acciones siempre generan las mismas reacciones, llega un punto donde aprenden a evitar aquellas conductas que les acarrean malos resultados. Qué tan rápido suceda esto, depende tanto de la edad del niño como de sus características personales. Pero porque sucede, en cambio cuando no somos constantes en nuestras respuestas frente a la mala conducta y la desobediencia. Esto se vuelve como un juego de azar, donde los niños intentaran una y otra vez sus malos comportamientos, esperando obtener una respuesta favorable. Aun cuando la mayoría sean negativas, y actuar así vaya que funciona para mantener la mala conducta. Pues es la misma técnica que los casinos utilizan para mantener a la gente apostando.

Ahora si te daré un ejemplo de como puedes hacer tu propio plan de contingencia. Cabe señalar que cada quien debe diseñarlo según se adecue mejor a las características particulares de su familia. Lo primero es pensar sobre que conducta o situación particular haremos nuestro plan de contingencia. Por ejemplo ¿qué haremos cuando mandemos al niño a que guarde sus juguetes y se niegue a hacerlo? Lo siguiente es identificar como vamos a actuar nosotros y que vamos a hacer en esos momentos. En el ejemplo que tenemos, podemos poner como consecuencia que nosotros guardaremos los juguetes que estén en el suelo, pero que todos los que guardemos se quedarán confiscados. Otra acción que podemos tomar es, simplemente tomarlo de la mano y llevarlo a que guarde sus juguetes.

 

Esto funciona especialmente bien con los más pequeños. Lo importante es darnos cuenta que hay muchas posibilidades. Lo importante es identificar la que mejor se adecue a nosotros y ser constantes. Una parte importante de este punto es la actitud, pues hay quienes actúan demasiado dulces cuando los hijos se comportan mal, mientras que hay otros que actúan totalmente agresivos. Pero seamos honestos, los primero los hacen por miedo a lastimarlos o a que los niños se enojen más, y los segundos lo hacen por el enojo de no tener las cosas bajo control. En la mayoría de los casos lo ideal es tomar una postura neutral, casi robótica, pues no están haciendo algo positivo como para premiarlos con atención positiva. Pero a la par nosotros somos quien debe estar en control.

Y una persona enojada es una persona sin control. Yo sé que para muchos actuar de esta forma les puede parecer imposible, y si actuamos sin tener un plan, claro que es imposible. Pero cuando tenemos claro como vamos a actuar, mantener la calma es más fácil de lo que parece. El siguiente punto es planificar como vamos a responder antes las respuestas de los hijos. Pues hay quienes aprenden alguna técnica para educar a los niños, la ponen en práctica y si no obtienen un resultado favorable, se quedan sin saber que hacer. Y muchas veces no es que la técnica sea mala sino que es posible que la estemos aplicando mal.

 

Que no sea la técnica adecuada para esa situación, o que simplemente sea algo que debemos aplicar constantemente para que se vean los frutos. Es por eso que nuestro plan de contingencias también debe estipular como debemos actuar si la reacción del niño no es la esperada. Regresando a nuestro ejemplo, si al momento de confiscar los juguetes del suelo, el niño se pone agresivo y comienza a golpear, nuestra reacción puede ser simplemente detenerlo y si es necesario, retirarlo a un lugar mientras se tranquiliza.

Solamente diciendo, una frase muy breve como ” Entiendo que estés molesto, pero conocías las reglas, y lo que pasa si las rompes, así que enójate con la desobediencia”. Lo importante es que esas conductas no nos agarren desprevenidos, y en casos como el del ejemplo, donde tengamos que decir una frase corta, es bueno planificarla, para evitar hablar de más, y poder ser breves y concretos.

 

El último paso es la autoevaluación. Pues otro grave problema cultural que tenemos es que no estamos acostumbrados a evaluar nuestras acciones. Tanto para corregir nuestros errores como para mejorar aún más nuestros aciertos. Por lo tanto después de haber puesto en práctica nuestro plan de contingencia, es sano reflexionar sobre como podemos mejorar o en caso de que no haya resultado como esperábamos.

Hay que pensar si fue acaso porque algo nos fallo, tal vez la actitud no fue la correcta. Tal vez hace falta constancia, o como lo mencione anteriormente, es posible que el verdadero problema esté en otro lado. Por ejemplo, que sea un síntoma de malestar emocional por la separación de los padres, o por una mala relación padre e hijos. O incluso es posible que lo que tengamos que resolver esté en el interior de mamá o papá.

 

Pues si los adultos tenemos problemas sin resolver con la pareja, con los propios padres, o con los hijos, sin darnos cuenta, se filtrarán. Y afectarán la calidad en la atención que brindamos a los niños. Por lo cual el que los padres y madres aprendan de sus errores. Traten de mejorar cada día. Sanen sus heridas del pasado, y luchen por un presente y futuro propios positivos. Son acciones indispensables para así tener hijos educados, preparados, sanos, y con un presente y futuro positivos.