Educar a la gente para que espere

A menudo vemos una incapacidad generalizada para esperar: siempre debemos hacerlo, siempre debemos entretenernos con algo, siempre debemos ser productivos, con efectos arriesgados a largo plazo, que van más allá de la intolerancia del aburrimiento o de la posibilidad de beneficiarse de la ociosidad.

Esta nueva tendencia no sólo afecta a los adultos, sino también a los niños.

Los padres son los primeros en activar este comportamiento en sus hijos, básicamente por dos razones: primero, es una demostración de su presencia y atención «he buscado y encontrado un pasatiempo adecuado para mi hijo»; segundo, es una forma de control que tranquiliza a los más ansiosos: «Sé lo que hace en mi ausencia. Los educadores, por lo tanto, se sienten comprometidos a tener que solicitar a los niños que tengan «evidencia» de su trabajo, materiales que atestigüen la actividad durante su estancia en la guardería o en la escuela.

El resultado es que los niños ya no saben esperar ni siquiera cuando se ven obligados a hacerlo, como en una cola en el supermercado, en el coche en el tráfico, en la sala de espera del pediatra, etc.

La única solución plausible válida parece ser la distracción, básicamente con dispositivos tecnológicos, como vídeos, canciones, videojuegos que, a diferencia de lo que se piensa, no relajan sino que hiperestimulan cognitivamente a los niños.

La espera se convierte así en una fuente de ansiedad, de estrés y de frustración cuando en realidad esconde mil valores que son un recurso precioso para el desarrollo de la identidad y de la personalidad del ser humano, más aún que el niño que tiene el deseo de explorar y saber lo que le rodea.

La espera es esencial para refinar tus habilidades introspectivas y analíticas, para experimentar con diferentes habilidades:

  • observar y filtrar las situaciones que está experimentando
  • capturar los detalles de los entornos en los que está estacionado
  • identificar las diferencias y peculiaridades de cada contexto y ocasión,
  • centrarse en una cosa a la vez,
  • familiarizarse con la descodificación y gestión de lenguajes alternativos a los verbales (proximidad física, no verbal),
  • respetar al otro en su singularidad pero también en sus espacios y tiempos,
  • entender las necesidades de los demás,
  • sino sobre todo la propia, observando y reconociendo sus propias emociones, deseos y necesidades.

En pocas palabras, esperar es «quedarse» y no huir, es quedarse quieto con el cuerpo y la mente y mirarse a sí mismo y a los demás.

Pero, ¿cómo educar para esperar?

 

    • Reorganizar los ambientes en los que vive el niño. Priorizar la calidad de los juegos sobre la cantidad: mejores pocos juguetes, bonitos, bien cuidados, almacenados según un criterio reconocible (no apilados indistintamente en cajas o cestas), fácilmente accesibles y adecuados para la edad del niño. Esto ayuda al niño a concentrarse en una sola actividad;
    • Hable sobre lo que se hizo durante el día (tanto adultos como niños), lo que atrajo la atención, lo que nos llamó la atención y lo que no nos gustó, dando también un nombre a las sensaciones que sentimos;
    • Quedarse en el parque, en casa, en una tienda, en la calle y mirar los detalles que caracterizan ese ambiente, comentando las cosas más extrañas;
    • Respetar el tiempo de intervención tanto de los adultos como de los niños: no interrumpir, involucrarse, esperar a que termine el discurso y luego responder o introducir otros temas;
    • No anticipar las posibles frustraciones del niño: el adulto tiene el deber de estar presente y ayudar al niño a sobrellevar un momento de dificultad o incomodidad incluso en relación con la espera, pero no debe reemplazarlo;
    • Establecer reglas precisas para el uso de la televisión y las tabletas: la necesidad de tener momentos dedicados ayuda al niño a comprender el escaneo del día, a predecir el uso de estos dispositivos y a encontrar soluciones alternativas cuando no puede utilizarlos
    • Involucrar al niño en la planificación del día para compartir con él los diferentes pasos y crear pasatiempos que sean capaces de satisfacer tanto a los niños como a los adulto. Dibujar en la herencia de su hijo (por ejemplo, papel, piedra, adivinanzas, búsqueda de objetos que empiezan con una letra específica o que tienen un color o forma particular) en momentos de espera con un doble propósito:
      • Acostumbrarse a usar la fantasía y la imaginación,
      • Transmitiendo una herencia de nosotros.

Por último, siempre es útil recordar que el adulto es el principal ejemplo para un niño y que no es de extrañar que un niño que se impacienta rápidamente si tiene a su lado a un padre que mira constantemente a su smartphone.

Aprovechamos la oportunidad de estar con los niños para recuperar las oportunidades y la riqueza que nos permiten esperar y esperar.

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